La verdad o La mentira…

Pues el día de hoy, y de nuevo debido a muy diversas situaciones me entra una duda, ¿que es mas sano la verdad o la mentira?, y si una mentira oculta algo ¿que tan grave debe ser para considerarse inmoral o anormal?; ¿acaso debemos siempre dar una buena cara a la sociedad? y a todo esto ¿que es o como es esa “buena cara”?

Es algo que no eh entendido, que es mas fácil perdonar ¿una mentira o una verdad?, si lo se suena inconsistente pero es que no se como expresarlo, una verdad por muy dura que sea es eso “verdad”, una mentira por muy noble que sea no deja de ser una “mentira”, pero eso es solo en la cara moral de la vida, aquí es donde entra mi duda: ¿como definimos que tan moral es la verdad o la mentira?, es mas ¿llevan moralidad?

Si alguien tiene una “verdad incomoda” la cual se ve en la necesidad de cubrir para tener “buena cara” ante la sociedad ¿se considera malo el uso de la mentira?; acá debo aclarar que en el resto de las cosas uno puede, o por lo menos lo intenta inmensamente, ser alguien “bueno” en la vida, pongamos el aspecto “bueno” como alguien que se comporta tal y como la sociedad lo pide, pero lleva ese aspecto de su vida que oculta con una mentira y de la cual tal vez sepan la realidad el y su sombra, o incluso algún confidente que no sepa siquiera que es confidente.

Es esa mentira ¿algo de lo que cuando se sepa la verdad sea tachado por la sociedad sus conocidos?, ok si bien se puede tachar a ese “alguien” de que traiciono la confianza de esos conocidos ¿acaso esos conocidos le han dicho TODA la verdad a el mentiroso?, ¿se tiene la capacidad moral de llamarlo traidor? ¿De desconfiar de el?

Aquí eh de suponer que algo así de oculto, es porque es algo que no nos enorgullece, y que de lo cual, cuando se es descubierto, siento que se debe de buscar apoyo para o olvidarlo o superarlo, o incluso salir de eso; yo digo que es ahí cuando se ve la verdadera fidelidad y donde se verán las traiciones reales.

Si bien el ser humano es sociable por naturaleza (o eso creo), hay veces que no es confiado, por lo tanto tiende a mentir a todos sus similares y conocidos (y personas por conocer), creo en el afán de impresionar mas, imagino un instinto básico de sobrevivencia, pero y si entre esas cosas que uno olvido mencionar o corregir a su debido tiempo hay algo de lo que uno no se sienta bien hablar, puede que jamás se mencione, es aquí donde surge la mentira ya que con el afán de encubrir esta “carencia” se inventa un mundo ficticio a su alrededor.
Y después de todo este despapaye de letras y palabras, ¿A dónde quería llegar? Pues a saber que tanto valor tiene una verdad y que otro tanto una mentira, ¿un hecho o suceso vale tanto como para destruir a un hombre?, ¿para salvarlo?, ¿para quererlo?, ¿para odiarlo?, ¿para alejarlo?

Si bien se juzga a un hombre por sus hechos, mas que por sus palabras; entonces si es un hecho que ah mentido ¿Cómo se le puede juzgar? ¿Somos los correctos para juzgarlo? ¿Los correctos para DEJARLO?

El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.

Alexander Pope

y tu ¿perdonarias una mentira? o ¿condenarias una verdad?

5 respuestas a La verdad o La mentira…

  1. Cimetriz dice:

    quizas este en la verdad al haber descubierto la verdadera realidad de su origen ,y ustedes lo toman por un mentiroso o un traidor -.Si encontro la realidad de su destino al que pertenece es en realidad fiel alos suyos . muchos no conocen de el y lo jusgan mal.mas bien al estar con ustedes traicionaria alos suyos. El que es de arriba pertenece alos de arriba. y no a los terrenales .

  2. El hábito de mentir si pasa un cierto limite, se puede transformar en un trastorno de la personalidad extraordinariamente grave para la persona que lo padece, como un acto inconsciente en virtud de rutinas, y cuando se olvidan los motivos por los que se crearon las mentiras, es cuando adquieren el sentimiento de verdades. Algunas personas mienten más que respiran. En muchos casos, lo práctican descaradamente. Modifican horas, sucesos, lugares, nombres, fechas. Lo peor de esta situación, es que se terminan creyendo sus propias mentiras. Inventan un mundo paralelo en el que imponen sus propias normas fuera de la realidad. Creen que así todo está bajo su control. Es muy común en los tiempos que corren, como un enfermedad que provoca adicción como una droga de la que es muy complicado librarse, que es una compulsión de imaginar una vida, unos acontecimientos y una historia, en base a causar una impresión de admiración ante las personas con las que se relaciona, un delirio que la persona al principio sabe que lo puede controlar, pero con el tiempo se apodera de su personalidad. Ese ímpetu por impresionar, está basado en la imperiosa necesidad de resultar valiosos e geniales por medios engañosos, puede tener malas consecuencias, ya que por los medios naturales de la simpatía, de proceder elegantemente, y de ser espontáneos, no lo podrían conseguir nunca. Porque reflejan, por un lado, la ambición de ser dignos de amor y de respeto, que es lo que nos distingue de los animales, en ello se pone de manifiesto la profunda duda de no ser dignos de ser queridos, se esfuerzan en mentir por esa carencia de afecto, en base a la distancia, la dureza, el aislamiento y la falta de adaptación que padecen, y que en consecuencia, asemejan pruebas de algún tipo de minusvalía personal.
    Otras veces se miente como falsa modestia, haciéndose pasar por alguien con una condición, origen, cultura, formación, riqueza, inferior a la que realmente tiene, con el objeto de sonsacar o engañar a alguien para utilizarlo y manipularlo, y conseguir información de esa persona con la que poder atacarla en el futuro. Este es el tipo de mentira que has utilizado tú Idoia contra mí en las cartas anteriores, con el fin de corregir, juzgar, valorar, y regañar a alguien que no te ha pedido tu opinión al respecto, porque en realidad nunca has tenido la intención clara de formalizar una relación seria conmigo, por considerarme inferior a priori. Sin querer llegar a conocerme de verdad, cortando cualquier atavío de relación poniendo excusas vanas e inútiles. Cuando las personas mienten de esta forma, en realidad no reflejan ante los demás humildad y sencillez, sino todo lo contrario, son profundamente soberbias y muy subidas en su valía y excelencia personal. Se creen superiores tanto en exceso que usan la manipulación y la mentira, para empequeñecer y hacer insignificantes a las personas con las que se relacionan. Las personas humildes hablan mucho sin miedo a las consecuencias, dicen la verdad con el corazón, los vanidosos se vigilan entre ellos y hablan poco porque son temerosos a lo que pueda pasar e incluso disimulan continuamente. Es fundamental defender el sentido de la respetabilidad con decisión y energía, eligiendo apasionadamente la corrección y la sencillez. Seguramente sean las personas que mienten por creerse superiores por soberbia las más dañinas y falsas que existen, por el daño que provocan minusvalorando y despreciando a todos con los que se relacionan, incluso mucho más que el mentiroso fantasioso que se inventa un mundo de ilusión y de valía personal que no existe, mintiendo sistemáticamente, para impresionar a alguien que le gusta y así de esa forma intentar cubrir sus necesidades afectivas.
    Los mentirosos fantasiosos mienten con una facilidad pasmosa, ya sea por interés, o ya por una absoluta y cínica falta de respeto a la verdad. Mentir para ellos se ha transformado en un estilo de vida diferente, porque muchas veces sin darse cuenta han tupido una red compleja de información falsa sobre sí mismos, y luego están atrapados sin saber cómo escapar de todo ese enredo para encontrar la verdad. Con cierta fascinación ciega hacia la mentira que les atrapa sin después saber ni poder salir de ella. Llevando hasta el límite el cinismo de no reconocer los hechos, negando lo evidente y creando confusión a los que envuelven con sus mentiras, y hasta creyéndose ellos mismos sus fantasiosas creaciones. Al desenmascararlos, se vuelven violentos, sobreviene un gran discusión. Te contestan, “no recuerdo haberte dicho eso”, “eso nunca sucedió así como tú expones, yo no pude haber hecho esa cosa”,“yo tengo razón y tú no tienes ni parajera idea”. Se ponen irrascibles, si los enfrentamos con los hechos tal como sucedieron. Sus relaciones personales sufren. Como una mitomanía, como una tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciendo la realidad de lo que exponen. Sienten insatisfacción, como una gran necesidad desmesurada de recibir afecto y ser admirado. Que les lleva a padecer una conducta ambivalente, consistente en afirmar una cosa y luego a realizar otra distinta. Presume, aparenta y hace ostentación sin medios para ello, debido a su baja autoestima, porque no se aceptan tal y como son, o porque poseen un pasado que quieren borrar y crean uno nuevo para poder soportarlo… Transforman y maquillan con mucho arte la propia idea que tiene de sí mismo, magnificándola como un delirio de grandeza que se apodera de su personalidad, o simplemente disfrazando sus origenes humildes con mentiras de todo tipo sobre su estirpe noble o de categoría social alta, de manera que llegan realmente a creerse su propia película, y terminan por establecer para siempre una gran distancia entre la imagen que tienen de sí mismos y la imagen real. Toman la simplificación y la desviación de su realidad, para querer apropiarse de la atención y aprecio ajeno para sí mismos, sin haber hecho nada valioso para lograrlo, porque tiene la impaciencia de llegar a los demás antes de lo que les corresponde por sus actitudes y aptitudes. Por eso poseen un control excesivamente riguroso sobre sus mentiras, encadenan unas tras otras, creando versiones nuevas para tapar cualquier evidencia que pudiera dejar al descubierto sus invenciones. Porque el objetivo de sus engaños no son las mentiras en sí mismas, sino tener bajo control a los que se relacionan con ellos, para que no se les vaya la situación de las manos, y que no haya adversidad ninguna para sus objetivos que no siempre son muy claros.
    Olvidan los mentirosos compulsivos o desconocen, que la capacidad de aplazar la gratificación y el premio, es el fundamento del desarrollo de la inteligencia y la consecución de resultados. Por la vía del fácil engaño a sí mismos, utilizan las palabras que son cómodos artificios de los hechos, en vez de ser sinceros, tal vez mucho más modesto de lo que su ambición soporta, pero al final no hay atajo sin trabajo en exceso, y le termina saliendo el tiro por la culata. La excesiva pretensión de ser más de lo que es posible, no deja de ser más que un camino directo para su fracaso. No se conforman con ser una persona cualquiera, porque se ven a sí mismos con excesivo desinterés y falta de lazos con su entorno, sino que desean ser siempre unas personalidades de primera magnificencia, de esas que los demás admiran fascinados y envidiosos. Copian literalmente punto por punto sin añadir anda nuevo los trabajos hechos por otros y los toma como propios, y también mintiendo sobre lo que hacen bien y el talento que tienen y no es cierto, llevan a cabo algo que les proporcionan placer suplantando a otros que realmente valen. Imaginando que son más de lo que realmente son, más guapos, más inteligentes, más atractivos, con más carreras universitarias, quieren ser más altos de lo que realmente son, y por eso muchos se ponen plataformas o cuñas dentro de los zapatos, y suelen asegurar que tienen actitudes y destrezas extraordinarias que en realidad no tienen. Siempre intentan seducir a las personas más bellas que no le corresponden y pertenecen a los más acaudalados porque la belleza se paga. Se sienten más a gusto así consigo mismos, que asumir la pesadumbre de ser sólo fantasías que nunca desea terminar y eliminar, y que puede convertirse en idílica exquisitez para satisfacer necesidades, que de una forma engañosa, nunca llegará a ser completa, pero que a base de engaño tras engaño, fantasía tras fantasía, le hace sentir el sueño tan real que casi lo puede creer ellos mismos como cierto y tocarlo con sus manos. Lo que les gustaría hacer, lo que en ensueños les promete utópicamente, lo que según sus cálculos inflados seguramente no les pasará jamás, puede hacerles adelantarse tanto en el tiempo, y que disfrute precipitadamente de lo que todavía no son ni tienen, y todo ello les dispone muy mal para el desastre de sus vanas ilusiones y esperanzas, durante el transcurso despiadado de sus vida. La impaciencia les obliga a actuar sin preparación, y al no respetar el tempo que necesitan las cosas para realizarse bien, introducen un cambio en los ritmos comunicativos que altera, sin duda sus vidas emocionales. Ese deseo impaciente, les ocasiona ansiedad que es la emoción propia de los mentirosos, y que es también una característica de nuestra cultura actual. También les provoca agresividad, fomentada por un sistema en el que los deseos son insaciables, en un mundo en el que la lucha, la apariencia, la competencia es el único motor de su existencia. Además, la prisa que necesitan por escalar socialmente, se opone muchas veces a que sientan ternura por nadie, y no pueden entregarse a otra persona más que a sí mismo, al carecer del control del tiempo para la propia manifestación de sus sentimientos. Los mentirosos no saben amar. El amor está en la verdad y en quien vive con ella. Este batacazo no le suele suceder a quien vive con la verdad de lo que es, pisando fuerte por donde va. Es quien lucha por mejorar en cada momento, y se muestra sincero consigo mismo, y sobre todo de quien en la subida de cada escalón de la pirámide social, su mirada alcanza al peldaño de arriba sólo cuando ha mirado bien que ha subido el anterior firmemente, consolidando lo conseguido.
    El problema del mentiroso, es que para mentir tanto y que no se perciba, tiene que transformarse a sí mismo en otra persona, y tiene que hacer lo mismo que un actor que representa un personaje que quiere resultar creíble, y por lo tanto, tiene que dedicar tanto tiempo y esmero en el desempeño de su actuación, que se transforma en el personaje ficticio. El mentir puede ocasionar un aislamiento emocional muy importante, aunque aparentemente esté bien relacionado el mentiroso, es tanta la energía que tiene que emplear para apoyar algo que no es cierto, que la persona queda extasiada, y se encierra aún más en sí misma, lo que la separa del resto de la gente. Los embusteros son los mejores actores porque ponen un gran empeño en ello, como si se tuvieran que cambiar en esa nueva persona que representan, como si tuvieran doble personalidad, para que realmente haga que se confundan con el personaje que interpretan, y al final de tanto mentir se olvida de quien es realmente, se olvida de sí mismo y de quien es y lo que es, es decir que se confunde con su propio personaje. Es un enorme desgaste por miedo a ser descubierto. Porque el personaje al que interpreta suplanta a su Yo, y le exige mucha atención y un estrés permanente, con lo que su personalidad se instala en una base inauténtica que es muy peligrosa. Para algunas personas este temor a ser pillados llega a ser un gran aliciente, ya que están en permanente examen de su inteligencia y la comparan con las que mienten, y se preguntan a sí mismos, ¿se darán cuenta que lo que digo no es cierto? ¿les llegaré a mentir siempre? Es como un juego perverso, su adrenalina que circula por su cuerpo, es similar a las de los adictos a los estupefacientes. Creen que pueden dejar de mentir cuando les dé la gana, pero no es cierto porque se hunden cada vez más en sus mentiras y en las historias que crean. Esperan que los demás no se den cuenta del grave problema que les aqueja. Las adulaciones, los méritos y valoraciones que consiga de los demás con sus artimañas manipuladoras, en realidad nunca las podrá disfrutar, porque en realidad, sabe que no están dirigidos al Yo auténtico, sino al falso, al personaje de ficción por él creado, con lo cual no consigue jamás sentir lo que le gustaría sentir, sus dobles vínculos con la doble personalidad que se ha creado, le impiden saborear sus triunfos, no puede jamás disfrutar de sus propios logros personales. Y como las ansias desorbitadas de mérito y reconocimiento, nunca se sacian por este autoengaño, cada vez está la persona más embebida de su propia mentira, con más ansiedad e insatisfecha de sus resultados, porque se ha creado una realidad paralela, un mundo artificial, y cada vez más encuentra motivos para sanarse con la misma medicina que le agrava más cada vez, ósea seguir mintiendo cada vez más. Y la bola se hace cada vez más gorda que puede ocasionarle graves problemas mentales. Lo que debe plantearse el mentiroso, es su oculto desánimo que le lleva a fábular, su progresiva indolencia que simular produce en él, y luchar por salir de esa prisión creada por él mismo para querer ser alguien importante. La mayor parte de los comportamientos humanos están basados en el arte de la simulación, en aparentar lo que no se es, en parecer, en hacer lo que en realidad no se hace. El problema es mentir tanto que se pase de rosca en la actuación de simular, porque el deseo delirante del mentiroso de querer caer bien a todo el mundo demostrando de que quiere ser el mejor, produce el efecto contrario de que los demás se decepcionen, y al final siempre se sienten despreciados y se disgustan a cada momento por los comportamientos ajenos.

    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA

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